domingo, septiembre 23, 2018

La posverdad, una lucha por el poder

El 21 de septiembre estuve en Pamplona para participar en un coloquio con los alumnos del máster de comunicación política (Universidad de Navarra).

Hablamos sobre el escándalo de la posverdad (2016: brexit y elección de Trump, básicamente); los mecanismos de la esfera pública que intervinieron para que sucediera; las narrativas públicas que se desencadenaron para explicarla; y los intereses de quienes impulsaron esas narrativas.

Como otras veces, acabamos con mi cita favorita del artículo de la editora de The Guardian Katharine Viner sobre la posverdad:

History in a Post-Truth World

El día 14 de septiembre estuve en Varsovia en el Collegium Civitas para participar en un seminario sobre la posverdad. Participaron personas de la Universidad de Exeter, de la Nacional de Australia y del Instituto Universitario Europeo de Florencia, entre otros. 

viernes, julio 13, 2018

Taller de comunicación

Ayer fue una tarde genial: taller de comunicación con un grupo de padres súper implicados. Aprendimos y disfrutamos a partes iguales.


Buena parte de la sesión con los MECs (aka matrimonios encargados de curso) fue a partir de la discusión de situaciones de comunicación, primero por grupos y luego puesta en común. Así pudimos darle vueltas a qué es comunicar, que no tiene tanto que ver con técnicas o argumentarios sino con asumir la propia identidad.

También vimos cómo la comunicación pública de una institución depende en buena parte de la comunicación interna. Ser autocríticos es un paso necesario para aceptar las críticas externas y poder entablar un diálogo más allá de la organización. En cambio, el discurso defensivo y autoreferencial bloquea el camino a consensos más amplios.


martes, mayo 22, 2018

Los públicos y la posverdad



Hace ya unas semanas salió publicado un ensayo sobre la democracia en el era digital. La idea era ver el desorden informativo actual desde la perspectiva de los públicos (ahora ya se habla más pero cuando lo escribí -antes de Navidades- poca gente utilizaba esta perspectiva).
“La esfera pública —caracterizada hoy por los mensajes políticos emocionales, la falta de credibilidad de los medios y el auge de las plataformas digitales— ha producido fenómenos como las fake news o la posverdad. Se ha discutido mucho sobre este clima social que aparentemente no penaliza las mentiras, pero aún quedan interrogantes. ¿Cuál es el papel de los ciudadanos, de los públicos?”

Consultable aquí (además, lo ha reproducido una publicación polaca).


PS. Gracias a los responsables de Nuestro Tiempo, creo que mi manuscrito ha mejorado. Y en página (con ilustraciones tan buenas como la de arriba o estas de aquí abajo) me encanta.







jueves, marzo 15, 2018

Bilbao-Madrid-Barcelona




He hablado mucho últimamente del valor de la empatía y la multiperspectiva a raíz de diferentes intervenciones sobre la posverdad. Ahora me doy cuenta que -después de tanto predicar- todas esas sesiones han servido principalmente para que pueda ponerlo en práctica. En estos tiempos presentarte como catalán en cualquier sitio de España equivale a iniciar una conversación sobre política. De esos encuentros, me he llevado un puñado de buenas ideas. 

Lo primero sería constatar que existe una cierta incomprensión del fenómeno y de la reivindicación. Gente que trabaja en política europea -siguiendo un poco lo que dice 'The Economist'- no entienden por qué se pide la independencia: ¿No sois una de las regiones europeas más ricas? ¿Cuál es el problema? No creo que sean preguntas tontas. Hay gente en Madrid -por lo que he podido ver- que se plantean los mismos interrogantes. 

Conocer cómo se ven las cosas desde Euskadi fue realmente interesante. Me quedo con la frase de alguien del PNV: "No es nuestra vía". Independentistas hasta la médula, no comparten el camino tomado en Catalunya de la declaración unilateral. Una cierta creencia -me parece- flota en el movimiento soberanista catalán, que durante tantos años ha admirado la lucha del pueblo vasco. Los vascos nos miran, se piensa; hemos tomado la delantera. No es lo que pude apreciar en Bilbao, cuando fui a un seminario de comunicación política de la Sabino Arana Fundazioa (con la colaboración del Institute for European Democrats). La organización fue impecable y, gracias a su amable acogida, fueron unos días muy agradables. Los vascos son gente muy seria y vale la pena escucharles.


En Madrid me llevé varias sorpresas. Cuando me invitaron a dar una sesión a los alumnos del Máster Cope, pensé que me metía en la boca del lobo. Me daba la impresión que más que hablar de la posverdad y la formación de corrientes de opinión, la discusión se centraría en el procés. Nada más lejos de la realidad: hablamos de política española, del fenómeno Trump... pero no de la independencia de Catalunya. Las intervenciones del coloquio fueron de un nivel excepcional. Además, la visita dio para varias conversaciones interesantes. Personas de tendencia conservadora expresaban claramente su incomodidad por tener a políticos catalanes en la cárcel. Uno estaba 100% a favor del indulto pero -decía- para que pueda darse, primero han de ser condenados.



La última sesión fue en casa. En los últimos meses he participado en muchas reuniones, charlas y pequeños seminarios sobre el tema pero la mesa redonda en las Jornades Blanquerna fue el primer acto ante un gran auditorio en Barcelona. Según me dijeron los organizadores, la idea original era traer a responsables de los principales medios de Madrid y Barcelona para hablar de la cobertura del procés. Realmente hubiera sido una gran sesión. Por diferentes motivos, no pudo ser y al final los ponentes fuimos de un perfil más bien académico. Fue una sesión enriquecedora y con momentos brillantes. Sin embargo, no se llegó a generar un gran debate. Quizá influyó que nuestros análisis -a pesar de partir de puntos diferentes- fueran bastante convergentes. 


¿Qué he aprendido? La primera conclusión tiene que ver con la multiperspectiva. En este sentido, fue una suerte que la sesión en Barcelona fuera la última. Pasar por Bilbao y Madrid, me ha dado un punto de comparación muy necesario y, ahora, hay elementos del discurso en Cataluña que han dejado de ser transparentes para mí. 

En segundo lugar, está la frase de un amigo catalán que vive en Madrid desde hace más de 10 años. "Para los españoles, la unidad nacional es tan sagrada como en Catalunya la lengua y la cultura catalanas". Esta clave me ha ayudado a entender muchas cosas. Desde Catalunya no se entiende que los españoles puedan ver la independencia como una amputación (la metáfora más recurrente aquí es la del divorcio amistoso). Y desde Madrid probablemente no se entienda el daño que se hace cada vez que se ataca TV3 o se pone en cuestión el modelo de inmersión lingüística en las escuelas. Falta hacer un ejercicio de empatía. 

Para acabar, la última lección viene de Euskadi: lo peor son las heridas en el seno del propio pueblo. La fractura en Catalunya tardará mucho en cicatrizar. Quizá no lo haga nunca. A parte de cambios estructurales que bloqueen ciertos incentivos, esto dependerá en buena parte de la sociedad civil. En mi opinión, la capacidad de los catalanes de ponerse en el lugar del otro será clave.




lunes, febrero 19, 2018

Un artículo premiado

El Col·legi de Periodistes de Catalunya premió hace unos meses un artículo que escribí sobre fake news en el caso de las últimas elecciones federales en Alemania. Ahora lo han publicado en la última edición de su revista, Capçalera.

Este texto viene a cerrar una serie en la que he podido seguir y analizar la popularización del concepto de posverdad a raíz del referéndum del brexit y la nominación de Trump; la consternación tras el resultado de las elecciones norteamericanas; el surgimiento del fenómeno de las fake news; las carencias de la prensa durante estos meses; la expectación y las iniciativas surgidas alrededor de las presidenciales francesas; y la centralidad que ha ocupado Facebook en todo este debate y las posibles soluciones al problema.


miércoles, noviembre 22, 2017

Más sobre la desigualdad


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La desigualdad es un marco que persiste. Ya escribí sobre ella en diferentes ocasiones y hace unos días publiqué un reseña de un libro breve y sugerente: On Inequality.

Harry Frankfurt, el autor, también señala la diferencia entre pobreza y desigualdad. Además, afirma que consagrar moralmente el igualitarismo económico puede tener efectos alienantes:
 “El error fundamental del igualitarismo económico se basa en suponer que es moralmente importante que un individuo tenga menos que otro, independientemente de la cantidad que cada uno posea y al margen, también, de la utilidad que cada cual obtenga de lo que posee. Este error se debe en parte al supuesto erróneo de que quien tiene ingresos inferiores manifiesta necesidades insatisfechas en un grado mayor que alguien más pudiente. Sin embargo, que una persona tenga una renta mayor que otra es una cuestión completamente extrínseca. Tiene que ver con una relación entre los ingresos de dos personas, y es independiente de la dimensioń real de sus respectivos ingresos y, más importante aún, del grado de satisfacción que pueden obtener de ellos. La comparación no se centra en si alguno de los individuos comparados tiene algunas necesidades insatisfechas”. (p. 48-49)

Otro apunte conceptual importante del libro: es necesario no confundir igualdad con respeto:
“Las exigencias de igualdad tienen en nuestras vidas una relevancia muy diferente que las exigencias del respeto. Quien insiste en ser tratado equitativamente calcula sus exigencias sobre la base de lo que poseen otras personas y no en función de lo que mejor se ajusta a las realidades de su condición y que, por consiguiente, satisfará en mayor medida sus necesidades e intereses. En su ansia de igualdad, una persona no se afirma a sí misma. Al contrario, preocuparse exclusivamente por ser iguales a los demás lleva a la gente a definir sus objetivos en términos fundados en consideraciones que se apartan de los requerimientos específicos de su propia naturaleza y circunstancias. Tiende a alejarlos del reconocimiento de sus ambiciones más sinceras, aquellas que derivan de la idiosincrasia de su propia vida, y no las que vienen impuestas por las condiciones de vida de otros”. (p.81)
Un libro que llega hasta el núcleo de las raíces antropológicas de un problema social a partir de la clarificación de los términos de la discusión.

A veces, no hay nada tan práctico como una buena teoría.