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jueves, septiembre 14, 2017

Cómo la crisis de los medios se convirtió en una trampa para la democracia

Hace aproximadamente un año que me puse a leer sobre el fenómeno. No era totalmente nuevo pero en aquel momento lo parecía. Lo llamaron posverdad. De aquí salió un artículo largo. Hasta donde sé,  fue el primero en tratar específicamente el asunto en un medio de comunicación en España.

Esto coincidía con la investigación para mi tesis, dedicada a la formación de las corrientes de opinión en las redes sociales. Poder analizar un hecho de actualidad desde la comprensión profunda de las lecturas del doctorado se ha convertido en una adicción. Así, después de ese primer artículo vino otro y luego otro… En este ‘post’ quiero recopilar todos estos textos y apuntar algunas ideas fruto del seguir este tema durante los últimos meses.

El capítulo 0 de esta serie fue un reportaje sobre el futuro de la Unión Europea. En la universidad donde colaboro, pensamos que era urgente abordar este asunto: la crisis de los refugiados, un euroescepticismo creciente y la amenaza del ‘Brexit’. De hecho, convocamos una mesa con 4 expertos justo después del referéndum. “Hay una crisis del concepto de verdad”, dijo el periodista Lluís Foix. Así, en aquella conversación ya se mencionó el núcleo de la discusión que se iría desplegando en los meses posteriores.





Recopilación de artículos

Bienvenidos a la era de la “posverdad” [Análisis]
10 de octubre de 2016  
El impacto del 'Brexit' y la nominación de Trump han sido dos golpes directos al cráneo de la esfera pública anglosajona. Periodistas de 'The Guardian', 'Washington Post', 'The Economist', 'Slate'... se preguntan qué ha sucedido.  
Cuando los hechos son lo de menos [Pieza complementaria - premium]
De la mano de diferentes artículos publicados en la prensa internacional, se profundiza en la evolución del concepto de verdad. La conclusión es que cuando cada uno tiene sus propios ‘hechos’, este exceso de subjetivismo impide construir el diálogo social.

La política de la posverdad [Tribuna de prensa]
5 noviembre de 2016 
El escenario de la comunicación pública actual está caracterizado por los discursos emocionales de los líderes políticos; la situación de extrema debilidad de unos medios sedientos de clics (que tampoco los sacarán de su crisis); y unos públicos que cada vez más se informan con contenidos filtrados por los algoritmos de las plataformas digitales. La combinación de estos factores implica nuevas retos.

“Mea culpa”: los medios después de la victoria de Trump [Post en un blog colectivo]
9 de noviembre de 2016 
Prejuicios, “pensamiento mágico”, aires de superioridad… Estos son los pecados que el periodismo norteamericano ha aceptado tras la victoria del candidato republicano. El efecto de refuerzo (buscar la confirmación de la propia ideología en los medios) también afecta a los periodistas y éstos han pedido perdón.

¿FaceTroomp? [Post en un blog colectivo]
22 de noviembre de 2016 
La creencia que las noticias falsas que circulaban por Facebook han favorecido la elección de Trump se ha convertido en una crisis de comunicación para la red social. Pero ¿es verdaderamente responsable? Algunos expertos afirman rotundamente que Facebook debe asumir tareas editoriales. Otros dudan que pueda desempeñar este papel: el problema no son las mentiras sino sobre todo las medias verdades.

Facebook y Trump, una relación revisada [Post en un blog colectivo]
4 de enero de 2017 
¿Cuál fue realmente el efecto de las ‘fake news’ en las elecciones presidenciales norteamericanas? ¿Por qué se magnificó? ¿Cuál fue el problema? A partir de un análisis con más perspectiva y nuevos datos, se concluye que la conversación política en Facebook no tuvo un efecto tan directo como se presumía en un primer momento.

El suicidio asistido (de la prensa norteamericana) [Post en un blog colectivo]
25 de enero de 2017 
Si los medios aceptan la narrativa de Trump que los convierte en sus enemigos y actúan como tales, se habrán hecho el 'harakiri' (que seguramente es la intención del presidente). Este texto se aproxima a la guerra de Trump contra los medios a partir de las opiniones publicadas en el 'Washington Post', 'Libération', 'Politico', 'El País' y 'The Guardian'.

Lecciones verdaderas tras las “fake news”  [Análisis]
20 de febrero de 2017 
En las últimas semanas, hemos aprendido que las 'fake news' tienen un impacto limitado pero también que hay problemas en el sistema mediático y que los públicos necesitan más educación específica. Después de las elecciones norteamericanas, medios y plataformas tecnológicas se han unido para promover una buena cobertura de las presidenciales francesas. La historia sigue... 

La batalla por Francia en la era de las “fake news” [Análisis]
8 de mayo de 2017 
Filtraciones de última hora y campañas de desinformación promovidas por diferentes actores internacionales. Francia ha sido el campo de batalla de una guerra de información global en la que se jugaba el futuro de Europa.

¿Recuperar la verdad con algoritmos? [Análisis]
 17 de julio de 2017 
Las grandes plataformas digitales prometen combatir los bulos y han comenzado a tomar medidas. Sin embargo, hay momentos en que no está claro cuál es el límite entre la defensa de la libertad de expresión y la censura. Además, diferentes voces reclaman más implicación de los gigantes de Silicon Valley en los sistemas democráticos. Esto pasa -entre otras cosas- por más transparencia.

Muy pronto se publicará un artículo sobre la evolución de este fenómeno en las elecciones federales alemanas.

[Update: podéis leer este artículo aquí]


Algunas ideas sueltas

Una de las principales lecciones que he sacado es la utilidad de seguir la prensa internacional para adelantarse a los debates. Durante el verano y septiembre de 2016 la prensa anglosajona ya había publicado piezas largas y series de artículos sobre las implicaciones del debate político en redes sociales (y otros elementos de la campaña del Brexit y de Trump) para la democracia. Aquí todo esto llegó mucho más tarde.

La llamada posverdad engloba unos ciertos mecanismos que afectan el funcionamiento de la opinión pública. Además, la discusión sobre este fenómeno también se ha dado en la opinión pública. Observar este debate, contribuir con artículos y participar en la discusión en redes sociales ha sido muy interesante. Es trabajar dentro de tu objeto de estudio. Por ejemplo, se ve claramente que las burbujas existen: se nota perfectamente cuando pasas de una a otra. Es una sensación casi física.

A veces, hay burbujas que se tocan. Esto es lo que me permitió publicar una tribuna en un diario de gran tirada en España. Aclaro -por si acaso- que colaborar con una cabecera no significa ni alinearse con su línea ideológica ni aprobar todas sus prácticas. Sencillamente me pareció una buena oportunidad para hacer llegar a mucha más gente un trabajo que tocaba un tema relevante.

En España y Catalunya (claramente dos esferas públicas diferentes), la discusión sobre la influencia política de las transformaciones en el ecosistema mediático empezó a llegar al gran público a partir de mediados de noviembre de 2016 cuando “posverdad” fue declarada como la palabra del año por el Diccionario Oxford. La pequeña esfera a la que se había circunscrito el debate aquel día reventó.

A partir de aquel momento, gracias a los artículos publicados en Internet, algunas radios y televisiones se interesaron por mi punto de vista sobre el tema. Me entrevistaron -por ejemplo- en Canal Sur Radio o la COPE. Guardo un muy buen recuerdo de una tertulia en Radio Euskadi (aquí a partir del mínuto 22) que compartí con los periodistas Ramon Lobo (veterano corresponsal), Verónica Fumanal (consultora de comunicación política) y Jean-Paul Marthoz (ensayista y colaborador de la Red Europea de Periodismo Ético). También me gustó participar en el programa Mundo al revés de Ecuador TV.

A mi parecer, la nueva visibilidad del concepto no ha contribuido a una mayor compresión del fenómeno. La discusión sobre la palabra “posverdad” ha obstaculizado el análisis de sus causas y su funcionamiento. El uso (y abuso) del término por parte de columnistas y opinadores ha hecho que se equipare a mentira o manipulación y, así, se ha reducido el todo a uno de sus elementos. Para explicar este fenómeno, creo que lo más útil es sencillamente describirlo.

Uno de los vectores realmente problemáticos de la posverdad es -según mi punto de vista- que la información política esté prácticamente monopolizada por el periodismo de declaraciones. Me parece que se ha hablado poco de esto. Quizá la atención se haya centrado demasiado en la actividad en las plataformas digitales (‘echo chambers’, ‘filter bubbles’...) y problemas relacionados con viejas rutinas periodísticas hayan pasado más desapercibidos.

Este debate ha puesto al descubierto que tras el lenguaje políticamente correcto se escondía una realidad muy diferente. De esto se ha hablado algo más, pienso.

La discusión sobre la posverdad ha puesto sobre la mesa cómo los humanos conocemos la realidad y formamos nuestras opiniones. En muchas ocasiones buscamos confirmar nuestros prejuicios y tenemos un comportamiento más emocional que racional. Además, también se ha comentado que es imposible que las personas seamos capaces de digerir el tsunami informativo constante al que estamos sometidos. Para llegar a la verdad, quizá el primer paso sea aceptar humildemente nuestra propia realidad. Creo que es un elemento fundamental sobre el que se deberá seguir reflexionando.

En la redacción de la pieza sobre las elecciones francesas (una de las que estoy más orgulloso), tuve mi propio momento de posverdad. Había estado siguiendo la campaña y documentándome sobre la cultura política francesa. Llegué al fin de semana de la segunda vuelta con un artículo casi definitivo para publicar el día después de la votación. Aunque había intentado leer artículos de fuentes variadas, me asaltó la duda de si yo también estaría dentro de una burbuja ideológica. Sin embargo, la filtración de última hora que comprometía al candidato europeísta fue una confirmación de la dirección de todo el análisis. Así que -antes de publicar- añadí un párrafo al principio del texto donde hablaba de este hecho y de su valor verificador.

Un gran conclusión de todo esto es -a mi modo de ver- que la verdad no ha muerto. De lo contrario, el debate sobre la posverdad no habría suscitado tanto interés. Sin embargo, quizá aún no seamos suficientemente conscientes de la complejidad que entraña el conocimiento de la realidad social. El debate sobre las ‘fake news’ lo ilustra. Justo antes de las elecciones norteamericanas surgieron informaciones sobre la capacidad de diseminación de noticias falsas a través de redes sociales. En aquel momento, alarmaron a muchos y consiguieron gran viralidad y clics. Ahora se ve como un caso de pánico moral. Exagerado un poco, podríamos decir que las noticias sobre las ‘fake news’ fueron ellas mismas ‘fake news’.

Finalmente, estos artículos me han permitido intercambiar ideas en diferentes foros y con grupos diversos. En la mayoría he encontrado un gran interés por lo que ocurre en la esfera pública y, de hecho, estos encuentros han sido de lo más gratificante de este año. La implicación de los asistentes encarna el anhelo que la editora del ‘Guardian’, Katharine Viner, expresaba así: “La verdad es una lucha. Se necesita trabajo duro. Pero es una lucha que vale la pena”.


lunes, octubre 07, 2013

Jeff Bezos miente

“La palabra fue dada al hombre para ocultar su pensamiento” - Stendhal 


He estado leyendo algunos artículos sobre la compra del 'Washington Post' por parte de Jeff Bezos y he llegado a la conclusión que Bezos miente. 

Al poco de comprarlo, Bezos decía a la redacción que tenía fe en poder lograr ingresos a través de la elaboración de un "daily ritual bundle that would appeal to a variety of readers". Estas declaraciones suscitaron algunas críticas (pienso que bastante razonables). 

El gran Matthew Ingram escribía: "What’s surprising about his comments is how well they fit with the traditional views of the industry." En el mismo post, se encuentra este tweet: 



Claro: el 'bundle' ya existe y, además, parece que es más parte del problema que de la solución de la crisis de la industria de la prensa. Jordi Pérez Colomé lo resumía así:
El problema es sencillo de ver. Cada día leo información. Pero si alguien me pidiera que leyera solo su medio a cambio de un euro diario, le diría que no. Poca gente quiere ya el disco entero: dame el single; el relleno te lo quedas. Como a los grupos de música, a los periodistas nos encantaría hacer temazos sin parar -grandes piezas. Pero es imposible. Hasta ahora la estructura la sostenía la publicidad. Ahora ya no.

Sin embargo, Bezos llega al WaPo y lo primero que hace es hablar del dichoso 'bundle'. ¿Cambiar (de propietario) para que todo siga igual? Estoy convencido que no: que lo diga, no significa que lo piense. De hecho, es parte de su forma de ser: quiere ser incomprendido. ¡Ya le interesa! ¿Es Amazon una plataforma de eCommerce? En realidad hace mil cosas más (que pasan desapercibidas a la mayoría). A Bezos le gusta volar bajo el radar. 

Pérez Colomé dice: "Bezos ha comprado una empresa con gente que sabe crear contenido, no un periódico." Parece que se trata de un problema de producto: el paquete de noticias que es el diario ya no funciona bien. 

¿Y por qué Bezos podría ser un buen candidato para liderar esta transformación? En un un brillante artículo publicado en Nieman Journalism Lab (Citizen Bezos: Amazon’s founder is looking for a legacy) se apuntan algunas razones a partir de la trayectoria de Bezos (los 'bullets' son míos): 
  •  The company [Amazon] has become much more than a retailer. It’s an infrastructure and technology conglomerate, tasked with building and reinventing systems, from physical warehouses to virtual currencies, that can outlast the destruction of entire industries, starting with the printed books that made the company a household name.
  • As the owner of Amazon, Bezos has focused on long-term investment and perfecting the customer experience, both of which may be a good sign for the Post.
  • Two things Bezos knows: scale and data. Expect him to concentrate on those values at the Post, as he reviews such recent initiatives as the Post’s new paywall.

De hecho, la historia viene de lejos, como nos recuerda Juan de los Ángeles:
Porque, como aventuraban en 2001 los autores de Amazoning the News, Bezos podría ser quien liderase la transformación hacia un periodismo que participe de la vocación de atención al cliente que caracteriza a Amazon, y quien convirtiese los periódicos en algo más pegado al lector, más basado en la escucha y más decididamente orientado al servicio.

Estirando esta misma línea de pensamiento, Jeff Jarvis ve una gran conexión del estilo de Bezos con el ADN del nuevo periodismo: 
(...) Bezos’ key competence is in building relationships. This is wishful thinking on my part, as I have been arguing that we in journalism need to stop thinking of ourselves as manufacturers of a mass commodity called content and start understanding that we are in a service business whose real outcome is informed individuals and communities. Thus we must be in the relationship business.

Y, en un plano más práctico, Adrián Segovia, reflexiona:  
Si lo pensamos bien, el "negocio de los algoritmos" no es tan distinto al del periodismo. Ambos jerarquizan sobre algo para que el usuario haga, piense o ejecute cosas.

No obstante, está claro que hay un salto. Por esto, algunos dicen que los 'outsiders' no sirven para llevar la industria de los medios y que la historia está plagada de ejemplos... Es posible. Aunque quizá deberíamos preguntarnos si sigue siendo válido este razonamiento histórico después de la disrupción que ha supuesto Internet. El mercado de la prensa ha sufrido evoluciones y revoluciones pero quizá no de carácter estructural. Además, lo que es seguro es que la dinámica actual no es la solución (a pesar que la industria no está muerta del todo y esto sea también un cierto incentivo para que entren Bezos y otros).  

Por otro lado, también hay quien defiende la potencialidad de innovación de los que vienen de fuera de la industria: Vicente Lozano ('La prensa, vida tras el harakiri'), Gumersindo Lafuente ('¿Quién será el Bezos español?'),  Gonzalo Peltzer (''The Washington Post' en manos de un amateur') o el columnista de 'The Economist' Schumpeter ('The “Breaking Bad” school'), aunque haciendo una referencia más general. 


Después de todo, quizá no sea todo mentira y la solución sí esté en el 'bundle'. El Post (igual que otras muchas cabeceras) ya tiene los contenidos y además una buena marca pero le falta la forma de empaquetarlo. Le falta el 'bundle' no físico sino más bien conceptual que es el modelo de producto y de negocio para este nuevo escenario. Y aquí Bezos puede ayudar.